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Eclipsada

domingo, 18 de diciembre de 2011

Guardado en un cajón, envuelto delicadamente entre suave papel de seda, está escondido el único recuerdo que tengo de ti…

Lo escondí pensando, que quizás así, seguiría brillando con la misma luz que cuando te lo robé; que su calor, jamás dejaría enfriar las oscuras noches que mi mente quiere perder en el abismo de los recuerdos olvidados.

Eras el oscuro sol que silencioso me despertaba de mi letargo, el que me mecía entre grandes nubes plateadas.
Escondido tras la luna me adormecías al hablarme entre susurros, calmabas la inquieta soledad de mis palabras, que descontroladas, viajaban sin rumbo nadando entre mis fríos labios.

Te lo robé, aún sabiendo que tú me lo entregarías, pero te lo robé, para guardarlo delicadamente en mi vida y poder cuidarlo día tras día.

En un cajón, escondido entre suave papel de seda…

Siempre fue su nombre (V)

lunes, 24 de enero de 2011

Si estás ahí... ¿Por qué no te siento?

¿Por qué no te veo saliendo de la luz que quiere invadirme?

¿Por qué no te noto, rasgando mis entrañas, cómo hacías antes?

¿Por qué no me miras como siempre te he imaginado que lo hacías?
Ya no estás. Y me da miedo perderte.

Busco incansable tu recuerdo, ahogándome en imágenes borrosas, inventando una realidad olvidada.
Soñando un momento que no llegará, desbarato mi vida buscando lo que una vez me unió a ti.

¿Si estás, por qué no te veo?

Sé que estás ahí y de mi boca, salen gritos desesperados, mientras mi voz temblorosa se queda atrapada en mi garganta intentando runrunear tu nombre…
...Esperando una respuesta que no esté envuelta en silencio.

¿Por qué no te siento?...

Mar adentro

miércoles, 5 de enero de 2011

Espero encontrarte cada noche y sigilosamente deslizarme por tu cuerpo…aún recuerdo la primera vez que saboree tu perfume.


Enloquezco al sentirte y me pierdo al acariciarte.
Susurras paz en mi vida mientras noto tu aliento en mi corazón.

Cierro los ojos y respiro hondo al mecerme en ti.

Hasta mañana mi amor…

Imagen cedida por Alex J.L.

¿…Y si le pregunto al sol…? Puede que me conteste la Luna. (Boyz II Men)

miércoles, 28 de julio de 2010


It's so hard to say goodbye to yesterday de Boyz II men




Te marchaste igual que llegaste, en silencio.


Ahora, regresas de nuevo, sigiloso, precavido y deslizándote suavemente, sin que me de cuenta, igual que la primera vez.

Te muestras radiante, calmado y delicioso, saboreando cada momento, haciendo, que lo único en lo que pueda pensar, sea en ti.

Confusa, inquieta, curiosa y desconfiada, no paro ni un minuto de pensar, por qué has regresado, por qué tan majestuoso, por qué tan misterioso.

Le pregunto al sol, esperando respuestas y solamente recibo su calor…

Quizás si dejo de pensar en lo que ronda por tu mente; puede, sólo puede, que quizás, deje de pensar en ti.

Quizás, si me escondo bajo el sol y camino rápidamente entre las sombras; quizás, sólo quizás, deje de verte.

Si esto no funciona, puede que mañana le pregunte a la luna.


Siempre fue su nombre (IV)

miércoles, 12 de mayo de 2010

¿En que momento entre el atardecer y el alba susurraste mi nombre?

Te perdiste en mis recuerdos y no sé como encontrarte. Acariciaste mi corazón con tu mirada. Desde entonces no he dejado de buscarte, en cada sueño, en cada cuerpo que rozo, en cada imagen congelada que escondo con recelo para no ser encontrada.

Sin tocarte te siento, descubriendo, que eres tú quién me derrota, sabiendo que son tus besos los que exasperados me llaman.

Te escucho susurrar mi nombre en el silencio de mi mente.

Te siento cada vez más cerca e intento, al cerrar los ojos, recordar la luz de tu mirada. Con tu ausencia dibujo mi corazón en un lienzo, bombeando la sangre, que un día le inyectaste al susurrar mi nombre.

Te disipaste en aquel oscuro pasillo, me evaporé al no correr a tu encuentro.

Y en el olvido te perdí, por no recordar tu rostro y en mis sueños te encontré, al acordarme de tu nombre.


Siempre fue su nombre (III)

domingo, 28 de marzo de 2010


Si no hubiera esperado hasta el amanecer, no te habría visto tumbado en el cielo.

No habría visto una y otra vez tu imagen en mi recuerdo.
Todavía siento el rocío en mi piel.

Aún percibo el aroma del alba, el olor de un nuevo día.
Todas las noches pienso en recordarte, en volver a sentirte…

En no olvidarte…

Cada día al despertar, recuerdo ese momento…
Y vuelvo a cerrar los ojos, para tenerte de nuevo a mi lado.

Para sentir tu aliento,

Para recordar tu cuerpo,

Para no olvidarme de tu nombre.



Os voy a contar la historia de una niña.

domingo, 14 de marzo de 2010

Una niña, que todos los fines de semana, se levantaba bien pronto. Esperaba que su padre se marchara a trabajar, para abrir silenciosamente la puerta de su habitación, e ir de puntillas hasta la cocina, para calentarse leche con cacao y muy despacito con la taza de las manos, se sentaba en el sofá para ver sus dibujos favoritos, con la televisión muy, muy bajita, para no despertar a nadie.


Por la tarde, sin importar el tiempo que hiciera, salía con sus amigos a jugar.

Era la dependienta de la tienda de ultramarinos, que muy ingeniosamente habían acondicionado entre todos, bajo un puente; Corría hasta el agotamiento para que no la descubrieran mientras jugaban al escondite y antes de la merienda, montaba en todos los columpios del parque.

Sentada en unas escaleras de piedra, merendaba, mientras veía como los niños más pequeños del barrio e incluso alguno de su misma edad, se acercaban hacia donde ella estaba. Los veía sentarse delante, comiendo sus bocadillos y en sus miradas se reflejaba una inocente impaciencia, al saber, que hasta que no acabara de comer, no comenzaría a contarles esos “cuentos convertidos en historias”, que tanto les gustaban.

Ninguno se movía, ninguno dejaba de prestarla atención, vivían todas y cada una de las palabras que salían de la boca de esa niña, que ella acompañaba con sus gestos y con una gran imaginación. No querían que el cuento acabara, y cuando los amigos de esa niña regresaban, le pedían con voz triste que no se marchara y ella, con una sonrisa les decía que mañana les contaría más… Un día tras otro esos pequeñines, deseaban que llegara la hora de la merienda y buscaban incansables a esa niña, esperando que les volviera a embrujar con sus historias convertidas en cuentos

Quién sabe, puede que alguno de esos pequeños, haya llegado hasta éste blog y al leerlo, se han dado cuenta de que esa niña, aún sigue contando historias…

Gracias, por estar ahí.

Siempre fue su nombre (II)

domingo, 28 de febrero de 2010

Lo único que me queda ahora, es mirar por la ventanilla del autobús e intentar que las lágrimas no se asomen para ver el paisaje.


Ni siquiera lo pensé, simplemente, lo hice.

Lavé mi cabello cuidadosamente y acaricié mi piel con esa aromática crema. Me vestí, después de probarme casi todo el armario. Rocié en pequeños lugares de mi cuerpo el sabroso perfume que duerme en la estantería de mi habitación.

Con el teléfono de la mano, nerviosa por no saber si llamar, me dirigí a la estación, decidida a montar en el primer autobús que me llevara a esa ciudad que tanto odio, esa ciudad que me causa estrés con sólo oír su nombre, esa ciudad que te tiene a ti.

Sonreí al llegar pero mis ojos entristecieron al ver que no me esperabas.

Imaginé una tarde perfecta y una noche idílica y en un segundo todo se desvaneció.

Buscaste alguien para que me acompañara y caminé por la ciudad, respirando hondo, tratando de que mis palabras no fueran mudas, agradeciendo con cada gesto y con cada mirada su sincera compañía.

Y al anochecer, te encontré y tú, deseaste perderte conmigo.

Siempre fue su nombre

viernes, 4 de diciembre de 2009





Siempre fue su nombre.
Era lo único que conocía y ni siquiera era real.
No imaginé conocerlo, no pensé que esa pequeña llama iluminaría su rostro, no creí que nuestros ojos se mirarían sin pestañear y que recordarían un momento cubierto por un difuso velo embriagador.

No lo creí, pero siempre lo recordaré.

Quizás, si no hubiera recordado aquel momento, me hubiera olvidado, pero volví a escuchar su nombre.
Y de nuevo, empecé a volar.

Palabras son pocas las que nos dijimos, no había tiempo para más, pero en mi mente nuestras conversaciones son infinitas y su voz siempre es la misma, una voz que no recuerdo, pero que me niego a olvidar.
Bastará con haberlo visto sólo tres veces para pensar que es parte de mí, que necesito que así sea y ni siquiera sé por qué.
En mi imaginación es perfecto, todo es real, aunque sepa que debo despertar, no quiero hacerlo, no quiero dejar de soñar.
Porque quizás así, no se olvide de mi nombre.