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Quizás fue...

martes, 25 de marzo de 2014


 Sólo, volé
Quizás fue por agitar
Foto cedida por Alexander J.L.
Tan fuerte mis alas,
Quizás fue por remover
El aire ardiente.
Sólo quise
Escapar y por eso
Agité mis alas…
Huí del mar
Mientras las olas
Enfurecidas, rompían
Grotescas, frías y oscuras
La calma.
Quizás fue por agitar
Tan fuerte mis alas,
Que el cielo rompió
A llorar y el viento
Oscureció.
Quizás fue por agitar
Tan fuerte mis alas
Quizás fue por remover
El aire ardiente.
Quizás fue sólo,
Porque quise volar.

Esther...

jueves, 17 de enero de 2013

"Rayo de sol"...
...No dejes que la lluvia apague tu fuego...



Gotas de sal
Acarician el día.
Entre mis dedos
Lágrimas de arena
Bebiendo del cielo,
Y en mi piel
Marcas olvidadas
Añoran tu recuerdo.
Sin ti, es por eso
Que te deseo.
Amaneceres perdidos
Revuelven tu ocaso,
¡Rayo condenado
Mueres sin tocarme!…
...Mientras lloras,
Sigilosos se marcan
               Tus pasos en la lluvia.                       


Foto cedida por Alexander J.L

Perdida

jueves, 22 de marzo de 2012

Hoy al caminar por un largo y tenue pasillo, he perdido la sonrisa.

Mirando el vacío interminable que entre paredes encerrado aceleraba el tiempo, he sentido cómo el silencio se apoderaba de mi, las dudas acechaban plegando arrugas olvidadas, el corazón intranquilo, exhalaba pequeñas gotas ardientes, que corrosivas, se deshacían envenenando la pureza del alma.

Escapando en vano de las sombras que jocosas invadían el pasadizo, aceleraba el paso mientras sus afiladas aristas arañaban mi azorada piel.
Sus sombrías palabras envolvían mi voz con agrios hilados blancos, su congelado aliento silbaba tétricas melodías que silenciosas se grababan en mi cuerpo.

Y el sol oculto entre opacos cristales arañaba el cielo, mientras en algún lugar de aquel pasillo marmolina, a la hora del ángelus, he perdido mi sonrisa, y ni siquiera me he dado cuenta.

Días malos...(2ª Parte)

sábado, 17 de abril de 2010

..Segundo plato: “Magret de pato cinco salsas”.

Las cinco salsas son a elección del comensal y algo que había aprendido en todos los años que llevaba trabajando en el restaurante, es que pocas veces se coincide unánimemente en la elección de la salsa. El requisito primordial de ese plato es que la salsa ha de estar caliente en el momento de servirse y ha de hacerse “artísticamente” nada de echar la salsa sobre el animal de cualquier forma, no: “con arte” como decía su padre, pero hoy precisamente el arte se había quedado en el museo, bueno… regresó para desparramarse por el suelo junto con Carla, justo en el momento en el que llevaba la bandeja con las salseras a la cocina. Sólo necesitó un peldaño mojado de la escalera para bajar cinco de golpe y hacer una mezcla de salsas sobre el suelo y encima de Carla, con mucho, pero que mucho arte…

El postre.

No se libró de servirlo.
Una de sus compañeras le dejó una falda y pudo continuar con su trabajo sin ninguna mancha.
Los postres que Carla sirvió, fueron variados: Tarta cremosa de chocolate, mouse de mango con almendras y helado de queso con frutos secos... Afortunadamente, llegaron a sus destinatarios sin ningún susto.


Los comensales, ya habían terminado sus cafés y degustaban sus copas y chupitos relajadamente. Todos los camareros incluida Carla recogieron de las mesas las tazas de café y las llevaron con gran maestría hacia la barra del bar, situada en la planta baja. Era el penúltimo paseíllo con la bandeja. Mientras bajaba cuidadosa pero velozmente las escaleras pensando que ya le quedaba menos para marchar a dormir y olvidarse de ese día, escuchó un pequeño ruido, como si algo se estuviera rasgando y sin prestar demasiada atención prosiguió su camino, hasta que sintió un pequeño tirón. Con la bandeja de la mano, ni una taza se movió; cerró los ojos, mientras sentía como se le incendiaba la cara a la par que escuchaba a un señor desde el otro lado del restaurante:

-"¡¡Muchacha!!Que nos haces un “stripti”.

La falda se agarró a una de las hojas de la majestuosa barandilla, rasgándose, dejando al descubierto, las piernas y parte de la ropa interior de Carla. Con la mano libre, rápidamente sujetó su falda. Respirando hondo se dirigió hacia el bar avergonzada y enojada.

Con unos pantalones de su padre, muy profesional ella, salió a recoger la última bandeja de cafés. Al salir al salón, mientras sonreía, agachó la cabeza dando las gracias, al ver que todos los presentes, se levantaron y aplaudieron a la muchacha del “stripti”.


Días malos...(1ª Parte)

jueves, 15 de abril de 2010

Que días malos, tenemos todos está claro, bueno no…clarísimo.


Carla llevaba trabajando en el restaurante de su padre 15 años. Le gustaba su trabajo, es más, según ella decía podía hacerlo: “con los ojos cerrados y tapones en los oídos”. Pero ese sábado, tuvo que abrir bien los ojos…

Empezó el día, bueno, la tarde, quedándose dormida. La noche anterior salió “un rato” de fiesta con sus amigas y quién dice un rato, habla de la noche entera. No le dio tiempo ni a comer, se duchó, se vistió el uniforme de camarera y salió corriendo.

Corrió hasta la parada del autobús y por más que le gritó al conductor éste no paró. Refunfuñando se dirigió hacia el metro y sin dejar de correr, rezó esperando que al llegar su tren estuviera apuntito de llegar, pero no fue así y al final, llegó al restaurante sudorosa, despeinada, veinte minutos tarde y con la ropa completamente mojada, del chaparrón de agua que cayó justo después de que ella saliera del metro.

Suerte que tenía una camisa en su taquilla, pero la falda se la secó todo lo que pudo con el secador de manos del aseo de señoras.

El restaurante, tenía dos salones, dividos por unas escaleras, con una barandilla de madera y barrotes de forja, éstos decorados con unas preciosas flores de ese mismo material.

Primer plato: “Crema Vichisoise”.

Sirvió en sus mesas de la primera planta, tranquilamente, sin sobresaltos y siempre con una sonrisa en la cara.
La última mesa, estaba ocupada por un matrimonio de avanzada edad muy bien acompañados por sus nietos, los cuales tomaron la crema fría. Sirvió al abuelo, entonces observó como el anciano miraba al techo, con el ceño fruncido y una extraña mueca en la boca. Ella, intrigada, también miró hacia arriba, sin saber muy bien que ver.
Mientras ambos observaban, la señora muy educadamente le dijo a su esposo:
- Ha sido el pendiente de la camarera.
Carla, bajó la cabeza con una velocidad asombrosa, los ojos completamente abiertos y sorprendidos, encontraron rápidamente el pendiente de perla negra, flotando en la sopa de puerros…Se disculpó, cambiando el plato entre las carcajadas del buen señor, que finalmente hicieron que Carla sonriera...